sábado, 30 de abril de 2011

Siempre la música

No todo son las palabras.

Hoy quiero compartir unos videos - filmados en pésima calidad ya que son de mi humilde celular - sobre algunas de las escenas que se viven en el subte. Todas tienen en común alguna relación con la música. Debido a la mala ubicación que me tocó respecto de la mayoría de los intérpretes y también un poco por disimular que los estoy filmando - para no intimidarlos e interrumpir su difícil exhibición - se ve poco. Además hay ruidos: los del subte y los de las personas. Los de todas las cosas. A pesar de todo eso, son videitos de corta duración y de pésima calidad que registran desde una visión mínima del mundo algo de la particularidad que tiene la música. Y la ciudad.

El primero es es el más rockero. Un pibe con amplificador, micrófono, guitarra acústica y toda la actitud de showman urbano.




El que sigue es complicado porque hay otro músicos cerca y la gente hablaba. Es de un nene con camiseta de Boca que por ser tan chiquito se escabullió por ahí y no lo pude captar. Pocas personas lo escuchaban. A mí este nene hizo que me empezara a simpatizar este tema. Atención al minuto 1:05.


Lo dije. El "Yo no me doy por vencido, yo quiero un mundo contigo, juro que vale la pena esperar, y esperar y esperar un suspiro" a capella de este niño, es sublime...

El siguiente es de un joven no vidente que canta con pistas. En el subte. Con pistas. En el subte. Con pistas.


Y el último, una alegría. Dos tipos para que se suban a tu vagón un viernes a la tardecita y le pongan onda, como me pasó ayer.


viernes, 25 de marzo de 2011

El silencio Nunca Más




Estoy recíen salida de la marcha. No porque haya vuelto hace cinco minutos sino porque necesité unas empanadas y un rato para charlar con una amiga sobre todo, ver televisión y tomarme un tecito para decir que ya salí del estado post marcha del 24 de marzo.

Año tras año, ni se piensa. El 24 se va a Plaza de mayo. Es un deber. Un lindo deber, podría decirse. O necesario, porque no es esa belleza limpia. Es siempre una defensa a la memoria y el pasado es triste.

Todos los años para esta fecha se va a la Plaza. Cuando no se apoyaba a Cristina y cuando sí. Escucho por ahí decir que la marcha se volvió política. ¿Alguna vez no lo fue? ¿O la causa no es política? Hubo muchas muertes y mucha perversión en nombre del orden, de la estabilidad social. Una conmemoración de ese tipo jamás estará desprovista de algo político. Además, si las madres de Plaza de Mayo se declararon seguidoras de este gobierno y se sintieron por primera vez tenidas en cuenta, ¿se le puede pedir que no sea un encuentro aún más político? Para quienes no se alinean con este gobierno siempre está el contra acto y se puede ir ahí, como los de Proyecto Sur, que hoy llegaron y se fueron junto con el MST y el Partido Obrero, que ya que estamos vale decir que este último estaba muy respetuoso.

Las marchas tienen ese aire de profundidad que va y viene una y otra vez. No es un acto que te mantiene concentrado todo el tiempo. Vas y venís pensando, te sumás a las voces, gritás un Presente, después te tomás un mate y le preguntás a una amiga cómo le está yendo en el laburo. Es un acto de presencia por sobre todas las cosas. Por eso lo peor que pueden hacernos los medios de comunicación es no darle relevancia, porque es como si así perdiera validez. Pero no la pierde, y no lo lamentamos por todos los que sí quisieran barrer bajo la alfombra las expresiones populares. Hablo de la cantidad de gente, la mezcla, la cantidad de agrupaciones nuevas, la cantidad de personas que habían ido por su cuenta, las familias, los niños y niñas con sus padres, los viejos y viejas, el poder encontrarse con amigos y otra gente que se quiere allá, sea bajo banderas políticas o no. Un montón pero un montón de gente reunida expresando la voluntad del Nunca Más al genocidio, evocando todavía más justicia, llenando el centro histórico de la Ciudad, haciendo ruido, mucho pero mucho ruido.

La importancia de esas presencias no se pierde porque el silencio Nunca Más.


domingo, 20 de marzo de 2011

*Mundo Sherlock




Y un día te das cuenta de que tantas veces te va a pasar.

Toda esa artillería puesta a la orden de hacer las cosas lindas, de impedir que cualquier cosa las arruine, ese afán de galantear trabajosamente para por fin llevarte a tu casa a la más hermosa, al que está más bueno, al más copado, va a ir a parar a ningún lado, se va a hacer un bollo contra la pared y va a caer oxidado por el abandono, después de los primeros quince días.

Porque viste como es. Te das cuenta un día de que no somos tan sanos ni tan puros. Por el contrario solemos ser bastante jodidos, bien forritos, entrenados para remar con el remo más grande ante el primer cartel de "peligro, zona de acercamiento a alguien", como si te fueran a comer los leones. Así que cada uno por su lado. Qué confusión ni confusión. Todo clarito, flaca.

Pero como a nadie le gusta que lo dejen hablando solo, una se va volviendo cada vez más Sherlock Holmes buscando la grieta en el otro de ese stop inminente, para poder frenar todo a tiempo y decir: "ah no, de ninguna manera, yo me voy antes que vos". Porque así, si te volvés medio indagador de los indicios que den cuenta de que el otro te va a fletar de la peor forma (o de la mejor) te le adelantás y huís. Entonces te quedás menos helada porque ya sabés que se termina, porque vos lo decidiste. Y sos más copada. Lo descubriste y lo delataste poniéndole fin.

Y qué increible pero esos detalles de alguien que hasta hace tan poco te atraían en cantidades impensadas y que parecían diferenciarse por fin de lo común, se vuelven una vulgaridad de un momento a otro cuando el mismo portador de esa gracia está haciendo ruido al lado de tus pies de lo bajo que cayó.

Cuanto más nos esforzamos por gustar, más militamos contra el amor. Y pasa tantas veces. Una y otra. Y otra más. Un experimento a base de prueba error que parece no tener fin. Entonces te preguntás ¿Quién soy? ¿Una persona buscando EXPERIMENTAR? Como que la experimentación se estaría haciendo larga.

Pero ese mismo día en que te das cuenta de que te va a seguir pasando, también te terminás de convencer en que sólo va a parar cuando te encuentres con otro que está igual que vos de hinchado las pelotas y te mires sin toda esa ridiculez, sin esa fobia absurda y desproporcionada al contacto.

Y por alguna razón, sabés que eso va a pasar un día. Así que todo bien.

Mientras tanto, unos libritos de Conan Doyle y a explorar el mundo Sherlock.

*Dedicado a mi amiga lo más, que me entiende muy bien

jueves, 17 de marzo de 2011

Constitution Sede of Sociales Business




El primer día de clases de la facultad de este año no se pareció a los anteriores primeros días de clases de todos los otros años. La facultad de sociales de la UBA estrenaba sede en el barrio de Constitución y yo aún no la conocía así que fui a su encuentro después de combinar subtes. En el pasado quedó el ritual de tomar el 65 y bordear Parque Centenario.

Todo parecía indicar que la sede iba a ser "lo peor" porque el barrio era terrible de lejos y de inseguro, pero esos prejuicios colectivos se desvanecieron en cuanto fui descubriendo el edificio. Quizás sea porque curso a la mañana, pero el barrio no me pareció terrible. No había una banda de narcos esperándote a la salida ni un grupo de travestis cobrándote peaje para llegar a la facultad.

Por el contrario, la sede es cinco estrellas para lo que venimos acostumbrados. El aula que me tocó tiene ven-ta-nas. Eso lo dice todo. Ah, y hay patio. Sí. Pa-tio. Para nos, los estudiantes de sociales, esto es un oasis en el desierto. Quiero decir: hay luz natural, ¿entienden? Y hay baños nuevos, intactos.

Vi mucho joven perdido, mucho encuentro con las mismas personas que caminábamos en círculos buscando las aulas. Extranjeros en nuestra facultad, ahí andábamos, descifrando dónde estaba la librería de apuntes, la de programas, el kiosco de siempre, la vieja del bar, el comedor. Lo familiar en lo ajeno, eso buscábamos, y por lo general con risa porque la facultad es muy grande y nadie entendía nada. Es enorme y es toda para nosotros. ¿Pueden entenderlo? Y eso que le falta todavía. Algunos materiales de construcción se dejan ver por ahí, en algún rincón.

Por fin encontré el aula. Los que ya habían llegado se estaban fumando a la profesora hablando en términos generales del programa de la materia. Después, ella lo que se fumó fue un cigarrillo que había armado a la par que nos comunicaba que el tema del coloquio final era muy muy lindo: la revolución rusa.

Después de derribar mitos sobre la dificultad de la materia, nos mandó a leer sobre el supuesto Antiguo Régimen porque en realidad adelantó que son más de uno, y nos largó a los veinte minutos de iniciada la clase.

Fui a hacer una cola interminable para conseguir mi programa y dos compañeros que recién había visto en el aula hablaban sin parar adelante mío. Recién se conocían. Hay gente que levanta muy rápido. Cada tanto buscaban mi complicidad, ya que los tres sabíamos que desde hacía unos minutos formábamos parte de la misma sociedad anónima: la del práctico. Esta es una especie de asociación temporal en la que hablás sobre la profesora, las materias y la carrera, y es anónima porque la mayoría de las veces después de la cursada te volvés a cruzar y ni te saludás. Es más, a algunos directamente no los recordás. Como sea, teníamos un vínculo que obliga a la simpatía pero a mí no me daba para cortarle el chamuyo al pibe, que bien se venía trabajando a la chica hablándole de cada una de las materias y sus contenidos, así que no me metí en la conversación.

Conseguí lo mío y me fui a pasear un poco porque me quedaban dos horas y media libres por delante hasta ir a trabajar. Cuando salí de la mansión de sociales escuché a dos tipos que hablaban en la puerta sobre la sociedad de consumo. Cuándo no.

Con el fin de alejarme de Constitución, agarré Nueve de Julio para el lado del Obelisco mientras seguía pensando en la nueva sede y en que al final se había concretado, eso que parecía jamás llevarse a cabo. Imaginaba cómo iba a ser cuando estén todas las carreras, trataba de imaginarme yendo ahí, cada cuatrimestre. También pensaba en mis contradicciones: la molestia por su ubicación pero el amor hacia su infraestructura, sus ven-ta-nas. A las dos cuadras de romanticismo académico me vino un stop bien cool de esos que te dicen "¿en qué estabas pensando, chiquita? ¿de qué te la das?" al toparme con los imponentes edificios todoterreno y todoventana: UADE Art Institute y UADE Bussiness nosecuánto. Yeah. Una gran carcajada interna empezó a hacer mucho ruido en mí hasta salir de mi boca y me reí durante algunas cuadras. La UADE era como un Maradona diciéndome que la tenía adentro.

No es nada guau, sólo la crónica de un pedazo de día cualquiera.

Sólo la crónica de un pedazo de día, cualquiera.

Y sí. Pero todo esto es un breve ejemplo para decir que colgué el blog porque estuve muy ocupada en vivir. Pero no me fui, eh. Ya ya vuelvo.



jueves, 24 de febrero de 2011

Ustedes sabrán

Primero es el golpe, que a veces es imaginado aunque sea por algunos segundos antes, y otras no. Después viene la observación de la herida, algo así como un chequear la gravedad, pero en ese momento impera el dolor, que es un magnificador de la realidad. Se vuelve difícil autodiagnosticar la magnitud del corte. El dolor agrava los asuntos, asusta. Lo único posible en ese momento pareciera ser la prolongación del sufrimiento hasta nuevo aviso, el summum de las heridas, la acumulación de los ardores por venir.

Las heridas tienen esa característica de recordarnos que hay cosas que duelen, y que atrás del envase hay muchas capas y delicadezas que pueden ser vulneradas. Y a pesar de que la lastimadura ocupe sólo una parte de nosotros, es difícil olvidar que está ahí porque efectivamente está en ese pequeño lugar, doliendo. Hagas lo que hagas la sentís arder, tirar, punzar o rozar con las otras cosas del mundo.

Cuando pasa el primer impacto es pesado pensar que llevará un tiempo cicatrizar la herida. Da fiaca. Sería útil que desaparezca rápido, pero por lo menos se sabe que un día se seca y vuelve a la normalidad, modificada. Existen varias formas de curar la herida, pero hay que saber algo antes de actuar: se puede vendar rápidamente la zona, tapar la lastimadura y pensar que así va a pasar, pero no funciona. Aunque quede mal andar exhibiéndola por ahí, no queda otra. Se tiene que airear.

A la herida hay que dedicarle tiempo. Lo primero es limpiarla bien, despejarla de toda la mugre, con paciencia y con cuidado porque duele mucho. Hay que sentarse a curarla. Y así durante varios días. De a poco, el dolor va cediendo. Los tejidos se regeneran. No se va pero ya no duele. Después pica, molesta, se cae, se transforma y comienza a formarse la cicatriz, que incluso si la cuidás, después de un tiempo muy largo, también desaparece. De esta manera, la herida pasa a convertirse en una experiencia más, y el dolor provocado en aquel primer momento sólo puede recordarse al aparecer una nueva herida.

A veces alguien descubre tu cicatriz. Te das cuenta porque la mira o te lo dice. A mí las cicatrices de los otros no me dan miedo. Las mías tampoco. Al final son atractivas porque quiere decir que el que las tiene la vivió. Significa que esa profundidad que en un momento había que curar tanto, funciona ahora muy bien, está a salvo. Lo máximo que puede quedar es el dibujito superficial de lo que alguna vez habrá sido pasarla como el culo.

Cuando yo conozco un hombre, no me molesta descubrir sus cicatrices. Yo prefiero los hombres que las tienen, pero no las de la piel. Ustedes sabrán que yo nunca hablé de esas.

lunes, 14 de febrero de 2011

La otra cara de las princesas



Y un 14 de febrero las chicas se juntaron y dijeron: pongamos una cara para el día de San Valentín y saquémonos una foto.

Los medios de información monopólicos nunca publicaron este documento.

jueves, 10 de febrero de 2011

Esos bárbaros que conducen bondis (?)

El mp4 es ese medio de entretenimiento que me hace los viajes por la ciudad más amenos. Por lo general siempre funciona, es la ayuda infaltable para mantenerme más contenta. Pero a veces, algo del afuera rompe necesariamente el efecto.

El otro día cuando estaba esperando el colectivo, me empezó a hablar un señor, setentón, que modulaba palabras que no entendía, entonces pasó lo que no tiene que pasar y le concedí la liberación de un oído. Dijo algo respecto de mi bostezo. Le sonreí, porque esa es la única forma de sacarte de encima un hinchapelotas: sonriendo. Por suerte el 59 vino rápido.

El chofer no paró el colectivo como debía: no lo arrimó ni al cordón de la vereda ni a la parada, por lo que tuvimos que caminar hasta él. Mientras ponía mi uno veinticinco en la máquina, atrás mío, el hombre que me había hablado, le gritaba de todo al chofer: que no podía ser, que era un haragán, que el pueblo le pagaba el sueldo a él para que hiciera bien las cosas y no se cuántas cosas más porque el auricular ya estaba otra vez en mi oído.

El viaje fue largo. En Av. de Mayo, el señor se paró a tocar el timbre. Bajó como se subió: lejos de la parada y del cordón de la vereda. Los gritos desde afuera de este señor empezaron a ganarle a la música que yo iba escuchando y entonces me desconecté para oír. Primero un auricular.

Viejo: "¡Siervo!" "¡Sieeeeeeeervo!"

Y ante tal palabra, los dos auriculares. El chofer no reaccionaba.

Viejo: Yo soy hijo de europeos. Vos sos sierrrvo. Naciste siervo y vas a morir siervo, ¡mirá el trabajo que tenés!

Chofer: ¡A la una termino de trabajar y si querés te enseño educación!¡Negro! ¡Viejo!

Viejo: ¡Qué me vas a enseñar vos a mí, mestizo! ¡Sos un mestizo!

Y en ese momento en el que el colectivo permanecía parado porque estaba subiendo gente y el señor viejo negro europeo gritaba desde afuera, una mujer vestida de trajecita rosa, rubia, que parecía muy correcta, se paró y pasó por encima de su compañera de asiento, se asomó por la ventanilla y gritó sacada, desaforada y con tono de discurso de Eva Perón (lo juro): "¡Los mestizos también somos personas!"

Viejo: ¡Mestizos, está lleno de mestizos!

Mujer sacada: ¡Pero tomatelás, volvete a Europa!

El colectivero arrancó mientras el hombre seguía gritando y la mujer empezó a hablarle sobre lo que era un mestizo, un siervo, y qué orígenes tenía ella, todo para decirle que no le diera bola a "esa gente".

Llegó mi turno, me bajé, y me volví a poner los auriculares pero no podía parar de pensar en el tiempo. Más allá de la conjunción de odios absurdos y discriminaciones que provenían de todos lados en ese colectivo, era como si el "viejo europeo" se hubiera quedado en otra época. O mejor dicho, como si hubiera sacado a la vista algo que viene de aquellos tiempos. Podíamos estar arriba de unas mulas, en carreta o en el 59. La escena era la misma. Caminé oscilando entre la risa y el espanto, por este señor feudal que odiaba a un chofer mestizo de colectivo que circula en el año 2011, que a la vez lo odiaba a él por viejo y por negro, por europeo y maleducado, y quien era apoyado por otra mestiza que hablaba como Eva Perón.






PD: SIERVO EL QUE LEE.